jueves, 24 de noviembre de 2011

Guayasamín

Contemplar los dibujos de Oswaldo Guayasamín me sirve de bálsamo, contemplar esas figuras que gimen, que gritan, que lloran: describen mi estado de ánimo habitual. Pase lo que pase, siempre estará Guayasamín para consolarme, es un cobijo para las desgracias, son retratos fidedignos de mi alma.



Guayasamín es el pintor de los agotes.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Ordenanza

Mientras me encontraba atareado en el ordenador de la sala de profesores, preparando papeles que nadie leería y actividades que la mayoría de los alumnos no harían, ellos hablaban de la ordenanza. Reincorporada después de meses y meses de baja por depresión, no consigue, al parecer, realizar el trabajo que se espera de ella. Continuamente pregunta qué tiene que hacer, cómo tiene que hacerlo, cuándo tiene que hacerlo. Se han quejado a la consejería, pero les han dicho que aguanten, que esperen, que pronto nombrarán a un titular.

Ellos hablan, la critican, mientras que yo, invisible, sigo escribiendo actas, informes, programaciones inservibles.

martes, 22 de noviembre de 2011

Fotocopia

Me entrega una fotocopia.

-Esto ha venido hoy –me dice-. No sé por qué, ha llegado aquí.

El papel está a mi nombre. Quiero hacérselo notar, pero son casi las dos de la tarde, estoy cansado y tengo ganas de salir de allí. En casa, me espera una copiosa comida y un nuevo episodio de Terra Nova. Y, más tarde, el desastroso final de la sedición de Catilina.

-¿Quieres el original?

Miro a la administrativa sin decir nada. ¡El papel ha llegado a mi nombre! ¡Dámelo!

-De todos modos, si lo necesitas para algo, lo tenemos aquí.

Me despido y, aliviado, salgo del instituto: ha pasado otro día.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Biblioteca Clásica Gredos

Me acaba de llegar un paquete de libros, cuatro tomos de la Biblioteca Clásica Gredos. Lo he abierto con devoción casi religiosa: los estaba esperando desde hacía algunas semanas. En mis años universitarios, cuando me gustaba leer clásicos griegos y romanos, estos volúmenes me resultaban caros, dispendiosos; tenía que conformarme con libros de bolsillo. Luego, durante mucho tiempo, abandoné estas lecturas: me parecía más importante mantenerme al tanto de la actualidad literaria. Ahora que tengo más dinero y que, sobre todo, acabo de comprar una nueva estantería, he vuelto a los clásicos de Grecia y Roma.

Los libros que me han llegado son las Epístolas morales a Lucilio, las obras de Salustio y las Historias curiosas de Claudio Eliano. Excepto éste último, ya los he leído los otros libros dos o tres veces. Séneca y Catilina fueron muy importantes en algún momento de mi vida. Ahora tengo que releer libros de filosofía, porque, como decía Shakespeare, es el bálsamo de la adversidad.



¿Qué pensarían estos autores, releídos, admirados durante siglos, si supieran que en esta época sólo se ocupa de ellos un pobre agote?

domingo, 20 de noviembre de 2011

Génesis 2, 18

Hoy he entrado en una página de contactos. Soy muy escéptico sobre los resultados. No sé si conseguiré encontrar a alguien... No, no encontraré a nadie: las mujeres que me gustan a mí, me desprecian; todas las mujeres me desprecian.

Rubaljoy

Hace tres años, cuando se celebraron las últimas elecciones generales, estaba tan preocupado por lo que anunciaban las encuestas que, a diferencia de lo que se había convertido en una costumbre, esperar a que cerraran los colegios para ver los resultados y seguir los comentarios de los tertulianos, me fui al cine. Vi 30 días de oscuridad, un título premonitorio para lo que iba a ocurrir.

Ahora, las encuestas, todas las encuestas pronostican la mayoría absoluta del PP. Su victoria traerá esto: el menosprecio de la educación pública. Los socialistas se han limitado a despreciar la educación.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Escribir

Por costumbre, desde hace años compro dos o tres revistas literarias, acudo al quiosco para adquirir El Mundo y El País los viernes y los sábados, los días que traen suplementos literarios. Últimamente, empero, no los leo, me limito a hojearlos, muy rápidamente: resulta penoso encontrarse con decenas y decenas de libros que parecen interesantes pero que nunca pasarán por mis manos y, ay, es doloroso encontrarse a más y más escritores de mi edad que ya han escrito media docena de novelas, a cuentistas mucho más jóvenes que ya han publicado. Hoy, en Babelia, aparecían dieciséis jóvenes escritores hispanoamericanos prometedores, consagrados.

¿Y yo? No he publicado nada. No he escrito nada. Sufro agrafía: imagino tramas interesantes que por desidia no desarrollo, comienzo cuentos prometedores que luego me niego a terminar, que no reviso. Me consuelo pensando en novelistas que comenzaron a publicar tarde: Chandler, Saramago, Landero. Sí, hay muchos escritores que no publicaron nada hasta haber cumplido los cuarenta. Ahora, no paro de pensar en Bufalino, que sacó su primer libro cuanto tenía 61 años, un primer libro maravilloso, como todos los suyos. Tendré que conformarme con ser un Bufalino. O esperar unos años más, la jubilación, para escribir algo, para publicar.



Por otra parte, Chamfort recomendaba no publicar nada.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Sumidero de cocina

Marcel Schwob:

Se sentía tan falto de todo que hubo momentos en que hubiera preferido ser sumidero de cocina. "Algo -se dijo- a lo que bien se podría aspirar,"



Yo soy menos que un sumidero de cocina.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Stalingrado

Cuando termino las clases los miércoles, me siento como un soldado alemán en Stalingrado, como se siente cualquiera cuyo esfuerzo es completamente inútil. Pero hay que seguir, continuar, no detenerse. Como decían los soldados iberos: seremos aplastados, pero no nos rendiremos.

martes, 15 de noviembre de 2011

El ganador del certamen literario

Hoy, en el periódico local, entrevistaban al ganador de un certamen literario al que estuve a punto de presentarme. Si no lo hice, fue porque, cuando se cerraba el plazo de enviar el relato, estaba pasando por una etapa hipercrítica. (Sigo sin reconocer que carezco de talento.) El ganador del certamen para el que yo no tuve valor de presentarme confiesa en la entrevista que él no participa en los concursos literarios para ampliar su currículo, sino para ganar dinero. Sólo por el dinero…