lunes, 12 de diciembre de 2011

El pez naranja

Por mucho que se engañe a sí mismo, el pez naranja nunca será como los otros peces. Puede hacer o intentar hacer todo lo que hacen los otros peces, los peces negros y azules, pero nunca será uno de ellos.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Panem et pediludium

Kapuściński despreciaba los medios de comunicación que, para no molestar al poder político o económico, se centraban en noticias frívolas e intrascendentes. Ayer, hoy, los últimos días han sido duros: todos los medios sólo han hablado, siguen hablando del partido entre el Real Madrid y el Barcelona, del derbi.



Menos mal que he estado enfrascado en la lectura de la biografía de Steve Jobs. Anoche, mientras devoraba la parte que narraba su regreso a Apple, el "piensa diferente", el iMac, el iPod, en el piso de arriba se escuchaban gritos, aullidos, que no acabaron hasta cerca de las una de la madrugada. Llegué a pensar que el partido no acabaría nunca, que continuaría hasta que los dos equipos hubieran sacado a todos los suplentes, hasta que los jugadores yacieran agotados sobre el césped. Ese partido, o uno del estilo del descrito por Stefano Benni en Tierra sí que hubiera sido divertido. Y no éste, en el que las camisetas de los futbolistas ensalzaban el juego en el paraíso fiscal que es Gibraltar y las monarquías absolutistas árabes.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Dioses y capullos

Estoy enfrascado en la lectura de la biografía de Steve Jobs. Resulta una figura atrayente, aunque, en el trato personal, era despreciable. Era despreciable. Cuando murió, se multiplicaron los reportajes laudatorios: el éxito, como siempre, hace que se perdone todo. Un curioso artículo, incluso, trataba de justificar todo lo que había hecho Jobs en su vida: no reconocer a su hija, engañar a Wozniak, tratar a sus empleados como basura...

Atkinson, el diseñador del Mac, indica que en Apple había dos categorías de empleados: los dioses y los capullos. A los dioses, que vivían subidos en un pedestal, se les permitía todo, eran los únicos en ser valorados. Los capullos, por el contrario, trabajaban duro, pero nadie agradecía su esfuerzo; permanecían en la sombra, a la sombra de los dioses.



Los agotes, desde luego, pertenecemos a la categoría de los capullos.

viernes, 9 de diciembre de 2011

El infectado

Cuando regresé al salón, lo escuché, el gemido de un infectado. Debía estar encerrado en uno de los pisos, y, al ver a los merodeadores, trataba de salir. Pero no lo conseguía, no lo conseguía.

Graffiti

En un graffiti: "God Is Not Dead. He Is Alive And Well And Working On A Much Less Ambitious Project."



Arriba, imagen de otro graffiti. Sí, desde luego Platón ha muerto. La materia se ha impuesto sobre el espíritu, como siempre.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Óscar Sánchez va a ser liberado (2)

No, Óscar Sánchez no va a ser liberado. Todavía. La fiscalía italiana continúa sospechando que es un peligroso mafioso cuya perversa mente le ha hecho idear un curioso truco: en la cárcel interpreta a la perfección el papel de idiota. Es divertido. Hoy le han puesto un micrófono a una mujer de Montgat que ha dicho que Óscar no, no es un retrasado, pero que tampoco tiene muchas luces. Es una descripción que también me podrían aplicar a mí. Óscar no interpreta a un idiota: es él mismo.

Quizá los jueces, los fiscales italianos se lo tomarían más en serio si hubiera una ley que les obligara a permanecer en la cárcel tanto tiempo como el que ha pasado Óscar: la ley del talión mesopotámica, el código de Hammurabi. Pero tengo que repetirlo: los agotes no preocupan a nadie. Y Óscar, en una celda italiana, rodeado por una decena de delincuentes que se alegran de que el Estado italiano les permita divertirse con un bufón, tendrá que comerse también hoy sus propias heces.



Si realmente sirviera de algo, si viviera en Madrid, iría ahora mismo a la embajada de Italia en España y arrojaría mierda, mierda de cualquier clase, contra su fachada. Un gesto solitario.



Quizá lo haga este verano, en que tengo planeado pasar unos días en Madrid. El Prado, el Thyssen, el Museo Arqueológico y una bolsa de heces arrojada a la orgullosa fachada de la embajada de la República italiana. Una pequeña vendetta en nombre de los agotes.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Fotocopia (2)

El lunes, aprovechando que no había clase, fui a la delegación de educación para preguntar por qué habían enviado aquel papel al instituto y, ya que sólo me habían entregado una fotocopia, para que me entregaran otro original. Se sorprendieron no sólo de que me hubieran entregado una fotocopia, sino también de que hubieran abierto una carta que iba a mi nombre. Su disculpa: ellos no habían enviado nada a ningún sitio, sino los de la consejería; llamarían al instituto para que me entregaran el original.

Ha llamado hoy. Y, otra vez, me he convertido en el culpable. No, no me han entregado el original, que a última hora he visto abandonado encima de la mesa de la administrativa, al alcance de todo el mundo (si alguien lo cogiera, podrían decir que he sido yo).

martes, 6 de diciembre de 2011

Jamal Zougam

Quizá él nunca lo hubiera sospechado. Que era un agote. Suministró las tarjetas de los móviles que se utilizaron en el atentado del 11 de marzo. ¿Las suministró? Las vendió, porque ese era su trabajo. Más tarde, unos testigos afirmaron haberle visto en los trenes que explotaron. Ahora, varios artículos de El Mundo nos invitan a dudar de estos testimonios. Una de los testigos afirma que lo vio un año después de los atentados. Previamente, había sido rechazada varias veces su solicitud como víctima de los atentados; incluso se creía que no estaba en ninguno de los trenes. Su testimonio le permitió cobrar una indemnización de 48.000 €. Jamal Zougam nunca estuvo en estos trenes, no es un terrorista. Pero lleva siete años en la cárcel. Incomunicado. Y luego, el mismo gobierno que ha premiado al juez que le emitió la condena critica la existencia de Guantánamo.



Hace años, un alcalde de Jerez afirmó que la justicia española es un cachondeo. Se equivocaba. La justicia española no es de risa. Es atroz. Años en la facultad de derecho y, en muchos casos, unas oposiciones, que deberían garantizar el conocimiento de las leyes, para que luego un juez sentencie como el gobernador de la ínsula Barataria, según la emoción del instante o el gobierno del momento. Y esto último no es hablar por hablar. Hace siete años y medio, cuando el PSOE llegó al poder gracias a los atentados del 11 de marzo, Garzón dijo que la justicia debía adaptarse a la nueva situación política. Dios nos libre, a nosotros, pobres agotes, de una sala de justicia.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Idiota

En El idiota, Dostoievski le hace decir a su protagonista: "¿Qué clase de idiota soy que comprendo que la gente me toma por idiota?". Hay días que no paro de pensar en ello. ¿Qué opinión tiene la gente de mí? Para muchos, para la mayoría, soy un figurante, apenas alguien que se cruza por el fondo pero al que no se hace caso. No soy nada, no sé ser nada. No quiero ser nada.



Idiota, para el filólogo Unamuno, era alguien que no sabía comportase en sociedad. Por eso, para no equivocarme, para no ir tropezando continuamente, yo prefiero estar encerrado en mi minúsculo piso, comprar en los hipermercados o en las tiendas donde no haya dependientes inquisidores, no tener amigos...

domingo, 4 de diciembre de 2011

Isaías 40, 1-4

Ayer, en la misa por mi abuelo, a la que tuve que asistir, una de las lecturas era del libro del profeta Isaías: "Consuélate...". Comencé a tararear mentalmente a Haendel y casi me olvidé donde estaba. Apenas presté atención al sermón. ¡Cuántas tonterías dicen los curas cuando comentan las lecturas! Sospecho que las mujeres que asisten a las misas no escuchan. Toda esa palabrería. Y parece que los curas tienen libros de sermones, para preparar los sermones.



A veces pienso que debería bastar con una misa al año, la que coincida con la semana santa. Curiosamente, no sé de ningún grupo religioso que se conforme con una sola misa, ni siquiera los testigos de Jehová, que tanta atención le prestan a las escrituras. Una misa debería ser suficiente.